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El carnaval en la literatura / Metáforas Cotidianas
 
Metáforas Cotidianas
Aída Alcalá Campos
El carnaval en la literatura

EXCLUSIVA COMUNICA.- La literatura universal y local ha recogido la tradición carnavalesca en la creación literaria. Hoy hablaremos de Incidentes melódicos del mundo irracional y La guaranducha del campechanísimo Juan de la Cabada; de La noche de los osos, del calkiniense Miguel Angel Suárez Caamal, y del insigne Caballero de la Mancha.

Recordemos que los componentes del carnaval están determinados por las conductas contrarias a las reglas y rituales no oficiales, donde El travestismo y las inversiones de los roles sociales acentúan la fiesta carnavalesca.

La extraordinaria obra de don Juan de la Cabada “Incidentes melódicos del mundo irracional” destaca precisamente estos dos componentes. Sus personajes principales son Doña Caracol casada con Don Ardilla, en quienes vemos la inversión de género pues caracol es masculino y ardilla femenino. También destaca la inversión de la posición social: al quedar viuda doña Caracol decide dejar su vida estable y llena de propiedad para perseguir lo que siempre ha deseado: cantar. Y sin más ni más parte hacia un horizonte desconocido con un verdadero patán, Chacpol, el zopilote. La obra es una sátira política dentro de una atmósfera carnestolenda.

La guaranducha es una comparsa carnavalesca dedicada por Juan de la Cabada a Chirichano un famoso comparsero campechano. “La guaranducha” proviene del genio popular, y el trabajo de Juan, como él mismo asienta consistió en aprenderla, recrearla y escribirla. La obra en cuestión se encontraba, en ese entonces, amputada, degenerada y, como él afirma,  a punto de perderse.

“La noche de los osos”, del narrador calkiniense Miguel Ángel Suárez Caamal, es un cuento en el que la historia se desarrolla durante el carnaval en el poblado de Nunkiní. Lo singular de este carnaval es que hombres, y actualmente hasta mujeres, se disfrazan con pitas de henequén enrolladas en brazos, piernas y tórax; una piel endurecida de venado en la espalda y un zabucán a manera de máscara para no ser reconocidos. Así salen a correr y saltar por todo el poblado, concentrándose por la tarde en la plaza principal. La narración forma parte de la obra “La noche de los osos y otros relatos” que fuera galardonada en el Primer Certamen de poesía y cuento “Ciudad de Calkiní” en 1987.

La tradición carnavalesca en la creación literaria, se sustenta de manera extraordinaria en la obra universal “Don Quijote de la Mancha”, texto por demás pletórico de elementos carnavalescos, cuyos protagonistas Don Quijote y Sancho Panza, representan las figuras alegóricas de la escasez y la abundancia de la carne, Sancho Panza, verdadero sujeto que reviste toda la parafernalia carnavalesca, es gordo, en contraposición de don Quijote, quien representa, falto de carnes, a cuaresma, contraparte de carnaval

Durante los días de carnaval el mundo normal y cotidiano da un vuelco de 180°. Es decir; lo que estaba arriba, ahora se encuentra abajo, lo prohibido es ahora permisible. La obra recrea ese vuelco y provoca que Sancho Panza, el sorprendente escudero, de criado pase a ser gobernador de la ínsula de Barataria, resuelva casos y dicte sentencias de la forma más chusca que puedan imaginarse.

La obra, casi en su totalidad, deambula en un ambiente carnavalesco donde los hombres se disfrazan de mujer y las mujeres aparecen ante el insigne caballero con largas y abundantes barbas. Los apelativos carnavalescos, nombres genéricos o comunes, son utilizados para distorsionar, grotescamente, a los personajes que lo llevan; tal es el caso de la Princesa Micomicona, dos veces mona; de la Condesa Trifaldi, porque usa tres faldines; o los gigantes Caraculiambro, Pandafilando de la Fosca Vista; el mismo rocín del héroe es llamado, orgullosamente, Rocinante.

El simbolismo de la máscara es inagotable y responde también al mundo invertido en donde pueden convivir los humanos, los animales, los diablos, los brujos, los enanos, los gigantes; en una palabra, lo grotesco, mas visto éste desde el punto de vista cómico y no como encubrimiento o engaño.

El Bachiller Sansón Carrasco, personaje insustituible en la obra, para ayudar a Don Quijote a apartarse de su locura se disfraza y enmascara en dos ocasiones para convertirse, primeramente, en el Caballero de la Blanca Luna y, en uno de los últimos capítulos, como el Caballero de los Espejos quien como tal logra, para desolación del Caballero de la Triste Figura, derrotarlo y hacerle jurar retirarse para siempre del noble y gallardo ejercicio de la caballería. Es en los capítulos finales donde el carnaval desaparece, todo vuelve a la normalidad, pero con ella llega la muerte de tan animadas aventuras carnavalescas y de tan amado personaje de la literatura universal.




anónimo
23:53:48 20 Feb 15
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