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“Piratas de Campeche” / Aída Alcalá Campos* / Metáforas cotidianas
 
A la memoria de mi padre que me inculcó el amor por el béisbol. Mi honesto y amplio reconocimiento a Gabriel López Martínez por su estupendo libro sobre béisbol “Contra viento y marea”.

13 de Junio de 2017 (EXCLUSIVA COMUNICA).- Mi papá falleció en aquel recordado septiembre beisbolero en que “la pelota caliente” se congeló en la serie mundial del 94 por la huelga de la Asociación de Jugadores de Grandes Ligas Fue la segunda vez en la historia que el Clásico de Otoño no se jugaba y la primera desde la Serie Mundial de 1904. Postrado en la cama del hospital le susurraba al oído los acontecimientos que se iban dando en torno a la cancelación del clásico.

Mi papá fue ampáyer (umpire en inglés) durante muchos años, desde la Liga Peninsular de los años 50, que se jugaba en el “Leandro Domínguez”, en Santa Lucía, hasta la aguerrida Liga del Sureste que inició en los 60 y abarcó todos los 70.

Alfredo Alcalá Graniel es el nombre de mi papá, y su mote El cura, por un golpe en la cabeza en una de las travesuras infantiles ocurrida en el marco de las fechas patrias; al curarle debieron cortarle el cabello alrededor de la herida, parecido a la tonsura.

Mi papá me enseñó muchas cosas sobre el béisbol; más tarde él y yo a mi hijo, y aún más tarde, yo a mi nieto Max. Lo único que no quise aprender del béisbol es el puntaje de los peloteros.

Gabriel López Martínez, LIc. en Ciencias de la Información, es un buen amigo mío apasionado por divulgar la información de la historia local en el campo de la radiodifusión y del deporte en Campeche. Nuestra amistad siempre ha sido fructífera; aunque muchas veces no pueda acompañarlo en sus interesantes eventos, como verdaderamente quisiera, estoy al tanto de sus quehaceres como director de la emblemática Biblioteca Campeche y como escritor.

“Contra viento y marea” es su último libro. Presentado el pasado mes de marzo, la obra está basada en el devenir histórico del equipo de béisbol “Piratas de Campeche”. Cuando me lo obsequió me dijo que me iba a gustar; y en efecto, así ha sido. Escritura y lectura ágiles hacen que uno no suelte el libro. Información y recuerdos se agolpan a cada momento.

La frescura narrativa en los inicios de cada capítulo me cautivaron por la maestría en la síntesis y exactitud histórica, cultural y emblemática que, sin perder los rasgos de la temática beisbolística nos colocan, casi de inmediato, en los acontecimientos.

Escribir la historia del béisbol campechano es como dice el mismo autor: Escribir un libro no es tarea fácil. Escribir un libro de béisbol es muy difícil. Escribir un libro del béisbol en Campeche es aún más complicado. Los periódicos de inicios del siglo XX estaban más abocados a asuntos políticos y culturales que a los deportivos.

López Martínez concentra entonces la historia del equipo Pirata a partir de su entrada al circuito de verano de la Liga Mexicana de Béisbol, AAA, ocurrido en 1980, el Año del Jonrón -22,000- y en el que la LMB cumplía 25 años dentro del béisbol organizado. Los campechanos estaban de fiesta y lo manifestaban en las calles, con los amigos, en el trabajo, en el hogar, con la familia, etc.

Los años anteriores a este acontecimiento, los de las Ligas peninsular y del Sureste, los aborda el autor de manera muy general, nombrando tan solo a los primeros patrocinadores del equipo campechano que inició con el nombre de Piratas en 1947: don Benjamín Ganzo y don Leovigildo Gómez.  

Trataré de completar para mi amigo Gabriel momentos y nombres que llevo en mis recuerdos más codiciados. Desde aquel entonces, el equipo contaba en su mayoría con peloteros campechanos que jugaron en aquellas ligas más de una década, ya que pude ver en acción a muchos de ellos, como el “Chino” Wong (pitcher), “Lolis” del Río, Filiberto Qui (fielder) y Gustavo Pavón (short stop). La directiva estaba a cargo de don Gonzalo R. de la Gala, como bien señala López Martínez.

1951 es el año en que inicia su historia corsaria el Coloso de San Matías. Después del pequeño parque “Leandro Domínguez”, con gradas y caseta de radio, hechos con madera rústica y techo de palma, el nuevo Parque Deportivo, como primeramente se le llamó, me parecía enorme.

Pocos años más tarde, finales de los 50, llegarían al equipo peloteros muy jóvenes como Benjamín “Cananea” Reyes (short stop) y Ricky Nevarez (fielder), otros no tan jóvenes como el “Guarao” Guerra (pitcher) y La “Gata” Padilla (fielder). “Cananea” era un joven delgado muy engreído y gritón, Nevárez por lo contrario era amable y cortés; el “Guarao” era muy alto y encorvado y la “Gata” corría velozmente con la punta de los pies, aún conservo nítido su carrera al pisar segunda y seguir carrera hasta tercera.

Los jóvenes peloteros que vinieron de otras partes gozaron las delicias provincianas de aquellos años en que chicas y chicos llegaban al lugar de reunión dominguera: el parque del Centro. Las vueltas a su alrededor, unas en sentido contrario de los otros, provocaban momentos románticos, cuchicheos entre amigas, risitas coquetas y temerarios jóvenes acercándose a recibir un saludo o un desaire.

Entre semana, los peloteros llegaban a ver los juegos de softbol al parque “20 de Noviembre” que se ubicaba en los que es ahora la Esc. López Mateos y el jardín de niños a su costado, pues contaba con alumbrado y buenas gradas de mampostería, con sus bien diseñadas escaleras para accesar a ellas. Me gustaba mucho ese parque deportivo.

“Contra Viento y Marea” es una obra que hacía mucha falta en la historiografía del estado de Campeche y del béisbol profesional. El registro que guarda sobre la gran historia del béisbol campechano es estupendo. Narrado con alegría y pasión, sin perder la honestidad sobre los hechos, la obra contiene datos de gran importancia histórica en el béisbol campechanos; sus triunfos nacionales, el partido más largo de su historia con un juego de 21 innings contra Cancún, aquel juego que duró tres días debido a los aguaceros que dejaban empapado el campo, los récords de bateo, pitcheo, las grandes atrapadas, etc.

Como fémina no puedo más que aplaudir a Luz Ma. Turriza Flores en la voz del sonido local del “Nelson Barrera”, que también registra y reconoce el autor, Gabriel López Martínez. A él mi reconocimiento a su interés genuino por la “otra” historia de Campeche, que también debe escribirse, lo aplaudo enfática y eufóricamente.

*Aída Alcalá Campos, articulista de nuestro Grupo Editorial Comunica y escritora de la Columna “Metaforas Cotidianas” ha sido catedrática de Literatura y fundadora de la cátedra Cervantes y su tiempo en la Facultad de Humanidades de la UAC; también impartió las materias de Sociolingüística y Lingüística General en la Escuela de Periodismo y Ciencias de la Comunicación del IC y ponente en diversos congresos nacionales e internacionales sobre estos temas.

JCM


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