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Mujeres activistas en México
18:56 REPORTAJE
Pese a que las mujeres siguen siendo un grupo minoritario en la toma de decisiones del gobierno, empresas y representaciones políticas, ellas han tomado un fuerte liderazgo y desafíos colosales desde la sociedad civil.

Redacción Comunica.- El 51 por ciento de los mexicanos en el país son mujeres, es decir, 60 millones 584 mil 099 féminas, mientras que el 49 por ciento o 57 millones 810 mil 955 son hombres.

Las mujeres, aunque superan por poco al número de hombres, siguen siendo un grupo minoritario en la toma de decisiones del gobierno, empresas y representaciones políticas. Pese a estas diferencias de género, las mujeres han tomado un fuerte liderazgo y desafíos colosales desde la sociedad civil. Las 10 activistas mexicanas que aparecen a continuación son solo una muestra contundente de la presencia de la mujer en la defensa y reivindicación de los derechos humanos, laborales, ambientales, reproductivos y sexuales. Vale mucho la pena reflexionar sobre su trabajo como una muestra de compromiso y valentía que inspira a la sociedad para transformar a México en un mejor país y aportar su fuerza y dinamismo contra los enemigos de nuestra nación: la corrupción, la pobreza, la discriminación y la impunidad.


Norma Andrade (Ciudad Juárez, Chihuahua)

Norma era una maestra normalista como muchas, a la que le gustaba su trabajo y disfrutaba estar con su familia: sus dos hijas, Malú y Lilia Alejandra, y sus dos nietos, Jade y Kaleb, hijos de Alejandra. Pero el 14 de febrero de 2001, su hija menor desapareció. El 21 de febrero encontraron su cadáver, con huellas de violencia sexual y tortura. Después de esto, la vida de Norma nunca volvió a ser la misma, se convirtió en activista, y junto con la maestra Marisela Ortiz, fundó “Nuestras hijas de regreso a casa”, para reclamar los cuerpos de las mujeres muertas y poderlas enterrar, para exigir justicia por sus asesinatos. En diciembre de 2011 un hombre le disparó cinco veces afuera de su casa, todavía allá, en la ciudad de la frontera, porque a pesar de las muchas amenazas que había recibido, no había querido irse. Sin embargo, decidió exiliarse en la Ciudad de México, quizá más por sus nietos que por ella misma. Y otra vez, el periodo de paz fue breve. El viernes 3 de febrero de 2012 un hombre tocó a su timbre, en la Unidad CTM Culhuacán de la delegación Coyoacán. En el mismo instante en que Norma reaccionaba, queriendo cerrar de nuevo la puerta, su atacante alcanzó a cortarle la cara. Poco, muy poco faltó para que el arma alcanzara la carótida. Más de un año después, el 20 de junio de 2013, recibió, junto con Marisela Ortiz, el Premio Alice Salomon que otorga la Escuela de Estudios Superiores del mismo nombre, en Berlín. Hoy, junto con su nieta Jade, forma parte del Comité Ciudadano para la Liberación de Yakiri.


Adelaida Salas Salazar (Mérida, Yucatán)

Después de haber dedicado toda su vida a dar clases a niños con dificultades en el aprendizaje, Adelaida se dio cuenta de que había llegado el momento de la jubilación. También había observado que las cifras de víctimas de violencia intrafamiliar y de género en Yucatán aumentaban exponencialmente. Entonces, Adelaida decidió que todavía no era hora de quedarse tranquila en casa, que tenía que hacer algo para que estos asesinatos de mujeres (58 del 2008 al 2013) no quedaran impunes. Se unió al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio en Yucatán, y poco tiempo después se convirtió en su representante en el estado. Al frente de esta ONG ha promovido numerosas acciones a favor de las víctimas de la violencia de género.


Imelda Marrufo Nava (Ciudad Juárez, Chihuahua)

El 6 de noviembre de 2001, los cuerpos de Claudia Ivette González (obrera de maquiladora, de 20 años de edad), Esmeralda Herrera Monreal (de 15 años, empleada doméstica) y Laura Berenice Ramos (de 17, estudiante de preparatoria) fueron encontrados en un campo algodonero de la ciudad. Las madres de las tres jóvenes interpusieron una demanda contra el gobierno de México. La abogada feminista Imelda Marrufo Nava decidió apoyarlas, y formó la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez. Desde entonces no ha parado de trabajar porque se castigue la violencia de género. Por medio de la Red realiza campañas de información, acompaña a las defensoras de derechos humanos que han sufrido violencia a los tribunales y apoya a los parientes de mujeres asesinadas durante el proceso para reparar el daño y obtener justicia. En 2012, Imelda recibió el reconocimiento ‘Clara Zetkin’ que se otorga a mujeres que favorecen la igualdad entre géneros en las áreas de participación social, económica, política, en la ciencia y salud, y derechos humanos. El 7 de marzo de 2014 recibió el premio Anne Klein en Berlín, Alemania, de parte de la Fundación Heinrich Böll.


Hermana Consuelo Morales (Monterrey, Nuevo León)

La Hermana Consuelo Morales trabajó durante años con comunidades indígenas de Veracruz, y luego llegó a la Ciudad de México para aliviar el hambre y la soledad de los niños de la calle. En 1992 regresó a la ciudad en la que nació, Monterrey, y se dio cuenta de que no había ninguna organización de parte de la sociedad civil para apoyar a quienes sufrían abusos por parte de las autoridades. Así que en 1993 colaboró con la fundación de la organización Ciudadanos en Apoyo de Derechos Humanos, que ahora preside y desde donde denuncia las arbitrariedades de las autoridades. Un día, enfrentó a unos agentes del MP que golpeaban a un muchacho que yacía en el piso, sangrando y desfigurado, en el Municipio de Apodaca. “Déjenlo ya”, les dijo. Unos minutos después, una camioneta sospechosa la perseguía. Ha recibido numerosas amenazas de muerte, pero eso no ha hecho más que reafirmar su vocación por defender a los más débiles, a los perseguidos, a los acorralados. En 2012 Human Rights Watch le otorgó el Premio Alison Des Forges por Activismo Extraordinario.


Sara López González (Candelaria, Campeche)

Sara nació en Candelaria, Campeche, de padres campesinos. Es madre de cinco hijos, nunca aprendió a quedarse callada. Desde muy joven se unió a la lucha indígena en Xpujil, y poco después fue una de las fundadoras de la Unión Proletaria Hasta la Victoria Siempre, que apoyó a La Otra Campaña, del EZLN. También se integró a la Alianza Mexicana por la Autodeterminación de los Pueblos. Desde 2005, Sara y sus compañeros de más de 30 pueblos, unidos en la Red Nacional de Resistencia Civil en contra de las Altas Tarifas Eléctricas, protestaron por los abusos de la CFE en la zona. Como represalia por las protestas, el 10 de julio de 2009 fue recluida en el penal de San Francisco Koben, Campeche, junto con sus compañeros Joaquín Aguilar y Guadalupe Borias, acusados de privación de la libertad de un funcionario de la paraestatal. Los tres fueron considerados presos de conciencia por Amnistía Internacional. Estando encarcelada recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos Don Sergio Méndez Arceo. Fue liberada 10 meses después, sin embargo, en octubre de 2013 elementos de la Policía Federal Ministerial llegaron a su casa y le entregaron un citatorio judicial sin especificar la razón por la cual se le estaba citando. Por estos hechos, el Centro de Derechos Humanos Digna Ochoa exigió al Estado mexicano poner fin a todo hostigamiento en contra de Sara y adoptar las medidas apropiadas para garantizar su seguridad e integridad.


Oriana López Uribe (Ciudad de México)

Oriana López Uribe lleva ya una década y media trabajando en pro de los derechos reproductivos y sexuales. Estudió Comunicación Social en la UAM Xochimilco, de donde se graduó con un documental sobre la transexualidad. Desde los 15 años se unió como voluntaria a Mexfam, como parte del comité juvenil, creando estrategias para interesar a los jóvenes en los temas de derechos sexuales y reproductivos y de salud, así como generando materiales de divulgación. Al observar que Latinoamérica y el Caribe poseen algunas de las leyes más restrictivas del mundo con respecto al aborto, Oriana decidió tomar cartas en el asunto y actualmente es Coordinadora de Proyectos de la Red Balance, que incluye al Fondo María (Mujeres, Aborto, Reproducción, Información y Acompañamiento), que sirve como intermediario entre las mujeres que desean hacerse un aborto legal y seguro en la Ciudad de México y los servicios de salud (públicos o privados), ayudándolas con traslados desde sus lugares de origen, comidas, hospedaje y acompañamiento durante el procedimiento.


Minerva Valenzuela (Ciudad de México)

Aunque de profesión es cabaretera, Minerva decidió reunir a un grupo de mujeres de todas las edades, ocupaciones y orientaciones sexuales para pedirles que contaran las historias de las mujeres asesinadas bordándolas en un pañuelo. Se inspiró en los colectivos de Bordando por La Paz, que surgieron cuando el sexenio de Felipe Calderón agonizaba. Así nació Bordamos Feminicidios, en su casa de la colonia Narvarte. El primer paquete de casos les llegó por medio del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio. Hoy la iniciativa de Bordamos Feminicidios se ha replicado en varias ciudades de México, así como en Guatemala, España y Argentina. Las mujeres exponen sus pañuelos para apoyar acciones de protesta contra la violencia, por ejemplo, en agosto del 2013, cuando el congreso del Estado de México no quiso implementar la alerta de género ( el conjunto de acciones gubernamentales de emergencia, para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado) en la entidad.


Eva Alarcón Ortiz (Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán)

Eva Alarcón decidió proteger la biodiversidad del estado de Guerrero de la tala inmoderada y del cultivo de drogas. Por su pasión en la defensa de esta región, llegó a ser la Coordinadora de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, y le ha tocado pagar caro su activismo. El 7 de diciembre de 2011, cuando se trasladaban de Chilpancingo a la Ciudad de México en un autobús de pasajeros, Eva y su compañero activista Miguel Marcial Bautista del Valle fueron secuestrados. Cuando el autobús circulaba por la carretera federal México-Zihuatanejo, a la altura del Municipio de Tecpan de Galeana, un convoy de cuatro camionetas cerró el paso al vehículo y hombres armados obligaron a los dos ambientalistas a bajar. Se los llevaron, y desde entonces no se les ha vuelto a ver. Desde ese momento, Coral Rojas, hija de Eva, y Victoria Bautista, hija de Marcial, iniciaron la búsqueda incansable de sus padres. Incluso contaron con el apoyo del poeta Javier Sicilia y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. En febrero de 2012 fueron encontrados restos humanos en San Luis La Loma, en el Municipio de Tecpan de Galeana, pero después de hacer los análisis correspondientes, la PGR negó que fueran de Eva y Marcial. El gobierno de Guerrero presentó a dos supuestos inculpados por el secuestro de los campesinos: César Arcadio Espinoza Palma, a quién le apodan El Ganso, y José Johnny Galván, conocido como El Güero Calabaza. Sin embargo, no se ha encontrado a Eva ni a Marcial; ni vivos ni muertos.


Ángeles López García (Guanajuato, Guanajuato)

Guanajuato fue el último estado en promulgar la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LAMVLV), hasta noviembre de 2010, cuando la Ley General había entrado en vigor en febrero de 2007. Por eso, Ángeles López y un grupo de mujeres entusiastas decidieron fundar el Centro de Derechos Humanos Victoria Diez, y establecieron dos objetivos principales por los cuales velar: una vida libre de violencia y derecho a la vivienda digna para las mujeres. Una de sus primeras tareas fue la de informar a las mujeres que existe una ley que, al menos en la letra, las protege. También realizan el conteo de los feminicidios que han ocurrido en el estado, y que según sus cifras, de 2006 a octubre de 2012, son 239. Debido a que el acceso a una vivienda digna es otro de los objetivos del Centro, Ángeles López también realizó el acompañamiento de las personas que habitan la colonia Ampliación San Francisco, lugar en donde predominan las casas en obra negra, las calles sin pavimentar. Ángeles López también ha sido una férrea promotora de la instalación de la Alerta de Género en la entidad.


Reyna Ramírez Sánchez (Valle de Tehuacán, Puebla)

Reyna empezó a trabajar como obrera de la maquila a los 14 años. Después de ser víctima de las jornadas interminables con pagos irrisorios, sin protección social ni servicio médico, Reyna se convirtió en activista por los derechos laborales. Es una de las Fundadoras del Colectivo de Obreras Insumisas, que se ha atrevido a denunciar los abusos de los patrones, así como los daños a la salud que provoca la manufactura de los jeans, y el daño ecológico que han causado en los manantiales. Por medio del colectivo, Reyna promueve la creación de proyectos autosustentables, por ejemplo, cooperativas de mujeres que fabrican bolsas, monederos, carteras y otros accesorios, con condiciones de trabajo dignas. Además, acompaña a las organizaciones de obreras, sobre todo de la industria textil, en las denuncias que hacen contra sus patrones por la situación prácticamente de esclavitud en las que las tienen. El 24 de noviembre de 2011, Reyna y uno de sus compañeros del colectivo, Rodrigo Santiago Hernández, recibieron una amenaza. A las 2:30 de la madrugada, través de una ventana que daba a la calle, les aventaron una piedra grande que rompió un cristal de su casa. La piedra estaba envuelta en una hoja en la que se leía: “VAN A VALER MADRES. SIGAN CHINGANDO – R.Y R.”. Los integrantes del Colectivo Mujeres Insumisas suponen que R y R quiere decir: Reyna y Rodrigo.

RF


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