Un mártir español y campechano / Armando José Rosado Cel*

Febrero 2018 (EXCLUSIVA COMUNICA).- Hace muchos años conocí a don Luis Reyes Barrera, protagonista y conocedor vernáculo de la historia eclesiástica campechana, atesorado de inmensa y valiosa información por ser poseedor de documentos y, sobre todo, de mucha experiencia de vida. De sus manos recibí una fotocopia del “Resumen histórico del Obispado de Campeche desde el descubrimiento y fundación de la ciudad hasta el 2 de febrero de 1908”, escrito y publicado por el Pbro. Alberto Marcilla López. El impreso se ha convertido para mí en libro de cabecera. Por años acaricié la idea de reimprimirlo hasta que por fin en diciembre de 2017 el H. Ayuntamiento de Campeche, por gestiones del cronista José Manuel Alcocer Bernés, patrocinó la reimpresión como parte de una colección conmemorativa del V Centenario del encuentro de razas en nuestras tierras. He tenido el gusto de escribir la biografía del autor y las notas adicionales al texto original. Seguro los interesados en el tema disfrutarán el texto del P. Marcilla, de quien ahora nos ocupamos.

Aunque resulta por demás interesante, el “Resumen histórico del Obispado de Campeche desde el descubrimiento y fundación de la ciudad hasta el 2 de febrero de 1908”, es prácticamente desconocido. Redactado por un sacerdote también hoy olvidado, el Pbro. Alberto Marcilla López, entonces cura coadjutor de la catedral.

Marcilla nació en 1880 en Albacete, cuando la ciudad aún pertenecía al Obispado de Cartagena, España. Hoy es un Obispado independiente, perteneciente al Arzobispado de Toledo. Albacete se ubica en la comunidad autónoma española de Castilla-La Mancha. Sus inicios como seminarista los realizó en Valencia, España, los cuales probablemente concluyó en el Seminario de Mérida, Yucatán, para pasar al Obispado de Campeche con el Obispo Rómulo Betancourt y Torres al tomar posesión éste de la diócesis en enero de 1901. Recibió todas las sagradas órdenes de manos del Obispo Betancourt: primera tonsura clerical el 27 de enero de 1901; las cuatro órdenes menores el 9 de abril; hizo el juramento de incardinación el 25 agosto; subdiaconado el 19 de septiembre; diaconado el 20 de septiembre; presbiterado el 21 de septiembre. El 24 de septiembre recibió sus primeras licencias ministeriales con vigencia de un año y sus primicias sacerdotales las ofreció ejerciendo el ministerio en la Catedral de Campeche.

Al viajar el Obispo Bertancourt a Mérida para predicar durante las fiestas del Señor de las Ampollas, el P. Marcilla quedó administrando la parroquia del Sagrario-Catedral de Campeche y la casa episcopal. La fiebre amarilla hizo víctima del Obispo y murió en Mérida el 21 de octubre de 1901. El P. Marcilla recibió sus 50 pesos de herencia.

Sirviendo en la parroquia del Sagrario-Catedral al lado del cura Domingo Ramos Avante, el P. Marcilla fue encargado del Archivo Parroquial. Fue tan dedicado en el desempeño de ese oficio que en las visitas realizadas los días 2 de julio de 1902 y 1 de septiembre de 1903, el Vicario General de la Diócesis, Sede Vacante, Pbro. Valerio Couto y Sosa, habiendo encontrado todo al corriente, lo felicitó y lo animó a seguir con exactitud y fidelidad en el cumplimiento de tan importante deber.

El 1 de mayo de 1904 fue nombrado capellán del Hospital de San Juan de Dios, sin dejar su servicio como Teniente de Cura del Sagrario-Catedral; el Vicario General le asignó 10 pesos como pago, los cuales eran tomados del propio peculio del Vicario General Couto. El 27 de enero de 1905 el Vicario General le expidió el título de Cura Encargado de la parroquia del Carmen, en Cd. del Carmen, para sustituir durante su enfermedad al Cura y Vicario in Capite de la misma, Pbro. Vicente I. Martínez. Su servicio en el Carmen duró poco, pues el 2 de marzo el casi recién llegado tercer Obispo de Campeche, Mons. Francisco Mendoza y Herrera, nombró Párroco y Vicario in Capite del Carmen al Pbro. Ricardo Encinas Rubio.

Le otorga el Obispo Mendoza un permiso de 9 meses, que empezarían a contar a partir del 10 de mayo de 1906, para ir a Europa y Palestina. Parece que el viaje terminó antes de lo previsto pues el 15 de diciembre recibía nombramiento como Cura Coadjutor del Sagrario-Catedral, y en enero de 1907 participaba en el poblado costero de Lerma, Campeche, en el Tercer Sínodo Diocesano, que reunió al Obispo y a 27 sacerdotes, de los cuales al menos una docena eran españoles.

A petición del Obispo Mendoza, durante aquel viaje a Europa, el primero después de su ordenación sacerdotal, se puso a buscar una congregación religiosa que quisiera hacerse cargo del colegio que el Obispo pensaba fundar en el centro de la ciudad para la educación cristiana de las hijas de las familias adineradas de Campeche. Consiguió que vinieran las religiosas de San Felipe Neri o Filipenses (hoy llamadas Filipenses de la Enseñanza) quienes, además de atender el colegio de niñas de Nuestra Señora de Guadalupe (donde enseñaron idiomas, pintura y otras asignaturas), también dieron ejercicios espirituales a las señoras.

Como Cura del Sagrario-Catedral le correspondió recibir y acompañar al Obispo Mendoza en la Visita Pastoral que realizó a esa parroquia el 14 de octubre de 1907. El Obispo, después de hacer todas las inspecciones de rutina acerca del culto, archivo y actividades parroquiales, encontró todo en orden y bien arreglado por lo que expresó en el Auto de Visita: “Que siga el benemérito Señor Cura Marcilla trabajando como hasta aquí en bien de su parroquia”.

Una breve ausencia de Campeche la ocasionó su nombramiento como Cura interino de Ticul, en el Arzobispado de Yucatán, el 25 de septiembre de 1908 -aunque hay duda de que tal nombramiento haya tenido cumplimiento-, pero pronto regresó a la parroquia del Sagrario-Catedral de Campeche, pues el 1 de febrero de 1909 el Obispo Mendoza lo nombró Cura Encargado de la misma. Combinó el servicio en la catedral con el de Pro-Secretario de la Sagrada Mitra, pues ante el traslado de Mons. Mendoza a Durango, el Administrador Apostólico de Campeche y Arzobispo de Yucatán, Martín Tritschler y Córdova, le dio tal nombramiento el 27 de septiembre de 1909. Tomó posesión de ese oficio el 17 de octubre de ese mismo año y dejó de ejercerlo el 4 de enero de 1910 con la toma de posesión del cuarto Obispo de Campeche, Jaime de Anesagasti y Llamas. Sirvió como Vicario General durante el breve episcopado de este Obispo, muerto en octubre de 1910. El 1 de junio de ese año se le dio permiso de 9 meses para hacer un segundo viaje a Europa; el 6 de junio el Pbro. Francisco Gayol fue designado para sustituirlo como Cura interino del Sagrario-Catedral.

No era desconocido en su tierra natal. El “Defensor de Albacete”, diario de la tarde, en su número 2,368 del miércoles 27 de julio de 1910, con mucho orgullo publicaba el último logro literario allende el mar del P. Marcilla. En sus notas bibliográficas, el diario asienta: “Un ilustrado joven albacetense, que por su laboriosidad y talento ha llegado a ocupar el cargo de cura de la parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Campeche (Méjico), don Alberto Marcilla y López, acaba de publicar una excelente obra, ‘El libro de oro’, que es una escogida colección de máximas y consejos, en la que campea un estilo literario brillante, claro y en extremo sugestivo. Se trata de un libro tan ameno como moral, digno del éxito que en México ha alcanzado y del que obtendrá seguramente en España. Agradecemos mucho al culto sacerdote albacetense, el ejemplar que de su obra nos ha dedicado.”

El 23 de mayo de 1912 tomó posesión de la diócesis el quinto Obispo de Campeche, Vicente Castellanos y Núñez. El 19 de septiembre de 1913 lo nombró Teólogo Consultor por cinco años y Examinador Sinodal; el P. Marcilla, previo al nombramiento, hizo la profesión de fe y el juramento de fidelidad. El 25 de agosto de 1914 recibió al Obispo en su primera Visita Pastoral al Sagrario-Catedral. Halagadoramente se refiere Mons. Castellanos al P. Marcilla. Viendo el trabajo que realizaba en el curato, felicita cordialmente “a nuestro celoso e ilustrado párroco”. Solamente le recomendó el restablecimiento de la enseñanza del catecismo a los adultos, especialmente a las criadas o domésticas. Durante un viaje de Mons. Castellanos a México, el P. Marcilla fungió como Vicario General y Gobernador Eclesiástico del Obispado, tocándole el levantamiento armado del gobernador Manuel Castilla Brito.

El último acontecimiento que protagonizaron el Obispo Castellanos y el P. Marcilla ocurrió en 1914, año duro para la diócesis debido a la expulsión de todo el Clero por orden del gobernador Cnel. Joaquín Mucel Acereto, que seguía la política anticatólica y anticlerical del gobierno carrancista, el cual acusaba injustificadamente a la Iglesia Católica de haber apoyado al usurpador Victoriano Huerta y por eso la veía como enemiga. Sólo 12 días después de haber tomado posesión el gobernador Mucel, el 22 de septiembre de 1914 la Jefatura de Armas de Campeche arrestó al Obispo y a todos los sacerdotes que residían en la ciudad de Campeche. El mismo día fueron desterrados los primeros sacerdotes y al día siguiente el Obispo y el resto de los clérigos que iban llegando de sus parroquias; 3 de los sacerdotes habían sido ordenados apenas el mes anterior. Algunos de los sacerdotes encontraron asilo en La Habana, Cuba. Otros, como el P. Marcilla, regresaron a su patria. Otros más se fueron a donde pudieron para esconderse. Sólo 3 quedaron en la ciudad con el falso argumento de no ejercer ya el ministerio. Varios de los sacerdotes, sobre todo la mayoría de los españoles, como el P. Marcilla, no volvieron más a Campeche.

El P. Marcilla regresó a su natal Albacete. El obispo de Murcia, adonde pertenecía entonces la localidad, por el año de 1919, lo nombró Cura Rector de San José, en Albacete. El 23 de enero de 1920 el Obispo de Campeche, Mons. Vicente Castellanos, le prorrogó la licencia para que pudiera permanecer en España y conforme al tenor de las letras comendaticias que le dio al salir de Campeche; le dio tal prórroga por estar aún “domiciliado en esta diócesis”, es decir, por estar todavía incardinado a Campeche, por pertenecer a su clero.

Aunque nombrado Cura Rector de San José, su deseo era ser párroco de su parroquia natal, ubicada también en Albacete, donde había sido bautizado y adonde pertenecía toda su familia. Esa era la razón -así lo infiero- de que el 12 de noviembre de 1922 escribiera una carta dirigida al sexto Obispo de Campeche, Francisco González Arias, pidiendo le enviara un certificado de los servicios que había prestado en Campeche para presentarlo en el concurso del que habría de salir la provisión de nuevo Cura para su parroquia natal. Él mismo escribe en la carta un resumen de sus servicios en Campeche: Coadjutor (ministro) de la parroquia del Sagrario-Catedral del 1 de octubre de 1901 a diciembre de 1906; Cura de la misma de diciembre de 1906 a septiembre de 1914; Pro-Secretario del Administrador Apostólico de Campeche, el Arzobispo de Yucatán Martín Tritschler y Córdova en 1909, durante la vacante del Obispo Francisco Mendoza; Vicario General de la Diócesis en el episcopado de Mons. Jaime de Anesagasti; Consultor Diocesano y Examinador Sinodal durante el primer tiempo del Obispo Vicente Castellanos, antes del movimiento carrancista, y Vicario General y Gobernador Eclesiástico durante un viaje del Obispo Castellanos a México; y autor del “Resumen Histórico del Obispado de Campeche”.

Desistió de aquel deseo porque la parroquia no quedó vacante y, por lo tanto, tampoco se realizó el concurso para proveerla de nuevo párroco. Esa hubiese sido la razón para dejar de pertenecer al clero de Campeche pues -escribe- “incardinarme en esta diócesis hubiera sido por el gusto de ser cura de mi parroquia de origen y al no ser así quiero seguir siendo sacerdote de la Diócesis, para mí muy querida, de Campeche”. Lo dice en una misiva escrita el 30 de junio de 1924 para pedir comendaticias al Obispo Francisco González Arias, quien debía renovarle la carta de recomendación dada por su antecesor, el Obispo Castellanos, para poder permanecer en el ejercicio de su ministerio fuera de Campeche, la diócesis en la que estaba incardinado. Las líneas reflejan que, pese a la distancia geográfica y temporal, muchas gratas experiencias y personas de Campeche recordaba el P. Marcilla. Dice al P. Maldonado, su destinatario:

"Salúdeme al Sr. Cura García, a los Padres Peña, Lorenzo que fue mi Ministro y estuve muy contento con él, igualmente dé mis recuerdos al P. Faustino, y ¿el P. Sosa murió o vive? Y ¿los Padres Del Moral, Encinas, Ribalta y Menéndez están por esa? Dígame qué personas conocidas han muerto, pues ¡cuán rápido pasa el tiempo! Ya para septiembre harán diez años que salí de esa; salude en mi nombre a todas las personas conocidas y en particular a Charo Aldana y a doña Manuela Córdoba, y Ud. reciba un abrazo de su afmo., atento y S.S. en Cristo".

El 21 de agosto de 1924, por orden expresa del Obispo de Campeche Francisco González Arias, se le prorrogaron las licencias para permanecer fuera de la diócesis por tiempo indefinido.

La enfermedad le hace dejar la parroquia de San José, en Albacete, en 1935. Se trasladó a la populosa ciudad de Valencia para buscar alivio a su mala salud. Pero estalló la Guerra Civil en España, claramente anticlerical. Las autoridades fueron alertadas sobre el lugar en el que el P. Marcilla vivía con una hermana suya. Él era prácticamente desconocido en Valencia, por lo que debió ser delatado desde Albacete o por alguien de ahí que residía también en la ciudad del río Turia. El 28 de agosto de 1936 su casa fue registrada y el P. Marcilla fue detenido, hecho prisionero y confinado en la cárcel de las Torres de Cuarte. El 24 de septiembre le dijeron que sería puesto en libertad, pero el anuncio nunca se cumplió. Según la fuente del P. Abellán, canciller del Obispado de Albacete, ese era el día en que el P. Alberto Marcilla había recibido su ordenación sacerdotal. El día 27 fue sacado de la cárcel junto con otros prisioneros. Lo hicieron caminar varios kilómetros fuera de Valencia. De repente las descargas de los fusiles en la carretera de Paterna cegaron su vida y sus 35 años de sacerdocio. “Yo no tengo sangre de mártir”, dicen que expresó sin temor en aquel lejano septiembre de 1914, cuando fue expulsado de Campeche, pero recibió el martirio 22 años más tarde.

Tiempo después, de este lado del Atlántico, la asamblea de fieles de la catedral supo la noticia desde el púlpito por la predicación del P. Martín Palmira: “Campeche ya tiene su primer mártir. Es el Padre Alberto Marcilla López, quien fue asesinado en España por odio a la fe católica”. El revuelo que en su momento causó aquel anuncio luego quedó sepultado en el olvido; de ahí queremos sacarlo con ayuda de estas páginas.

Antes de finalizar el año 2003 en Toledo se abría la fase diocesana de la causa de canonización del Siervo de Dios Eustaquio Nieto y Martín, obispo de Sigüenza-Guadalajara, España, y otros 464 mártires (272 sacerdotes diocesanos, 69 religiosos y 123 laicos) de la Guerra Civil Española. Dentro de esa pléyade de testigos de la fe se cuenta un grupo de 58 mártires (34 sacerdotes diocesanos, 2 religiosos agustinos y 22 laicos) de la diócesis de Albacete. Y para regocijo de nuestra patria chica, entre ellos hay un sacerdote del clero de Campeche: el padre Alberto Marcilla López, quien, aunque nacido en España, por su sacerdocio siempre perteneció a la diócesis de Campeche. Por este motivo podemos afirmar que el P. Marcilla fue un sacerdote albacetense-campechano.

El “Resumen histórico del Obispado de Campeche”

El P. Marcilla en 1908 publicó el “Resumen histórico del Obispado de Campeche desde el descubrimiento y fundación de la ciudad hasta el 2 de febrero de 1908”. El origen del libro es un artículo de 350 palabras que el mismo P. Marcilla había escrito poco antes por encargo del obispo Francisco Mendoza y Herrera, ante la petición recibida desde New York de parte de los editores de “The Catholic Encyclopedia”. El artículo debía versar sobre el Obispado de Campeche. El P. Marcilla tomó con empeño la empresa. Pero una vez cumplida quiso ampliar el texto enriqueciéndolo con otros datos. Así es como se compiló su “Resumen histórico del Obispado de Campeche”.

El librito -escasas 79 páginas- fue estampado en la imprenta del Colegio “San José” de Artes y Oficios, que los Hermanos Maristas dirigían en la ciudad de Mérida, Yuc. La ocasión de la impresión fue la imposición del palio arzobispal al primer arzobispo de Yucatán, Martín Tritschler y Córdova, a quien el autor dedicó su obra.

El P. Marcilla era español de nacimiento, pero poco a poco se fue empapando de la historia local. Para fundamentar el texto que debía escribir tuvo como fuente la obra histórica de don Manuel A. Lanz, la documentación de los archivos eclesiásticos y, sin duda, su propia experiencia como testigo del acontecer de la diócesis de Campeche por lo menos desde 1901, cuando llegó a esta ciudad.

Las páginas del libro intercalan las fotografías de los obispos Crescencio Carrillo y Ancona, Francisco Plancarte y Navarrete, Rómulo Betancourt y Torres, Francisco de Paula Mendoza y Herrera, del arzobispo Martín Tritschler y Córdova y una panorámica que muestra la catedral de Campeche y la calle del comercio.

El “Resumen histórico del Obispado de Campeche” es un libro menudo, ameno y rico en información que si su autor no hubiera consignado no tendríamos oportunidad de conocerla. Plasma, por ejemplo, importantes acontecimientos ocurridos durante los 13 primeros años de existencia del obispado y protagonizados por sus 3 primeros obispos. De ahí la trascendencia de sus páginas.

Pero el texto del P. Marcilla no contiene todo lo que un curioso lector de textos de historia tal vez quisiera saber. El mismo autor reconocía las limitaciones de la obra y, como expresando un deseo -o un reto- que aún no se realiza, escribe en el último de los párrafos dedicados al lector: “La narración de los hechos y acontecimientos que por ignorancia mía o por no permitirlo las circunstancias omito, quedan a cargo del que continúe esta pequeña historia”. Ojalá algún paciente historiador tome bajo su responsabilidad dicha tarea.

*Armando José Rosado Cel es Licenciado en Ciencias Patrísticas por el Instituto Patrístico Augustinianum incorporado a la Universidad Lateranense de Roma, director del Archivo Histórico de la Diócesis de Campeche, párroco de la iglesia de Sta. Ana de la misma diócesis, acucioso investigador de la historia local y articulista del Grupo Editorial Comunica.

JCM